
Un aire fresco acompañaba la tranquilidad de aquella mañana. El pueblo entero estaba cubierto de una manta blanca bastante generosa y blanda. Nieve. Unos cuantos rayos de sol intentaban salir a través de las nubes, pero sin resultado. Las casas que formaban el pueblo no estaban lejos unas de otras. Alrededores, había una multitud de árboles verdes que parecían proteger el pueblo. El susurro de un río que corría al lado, interrumpía el momento dormido. Pero de repente, el largo silencio que duró toda la noche, dejó de ser escuchado y un monton de niños se reían saliendo de sus casas para ir a la fiesta que les esperaba en la escuela, al ser el último día antes de las vacaciones de navidad.
Tenían mucha ilusíon de celebrar este día tan especial y participar en las actividades que habían preparado. La escuela se encontraba en medio del pueblo, así de esta manera se facilitaban los caminos de llegar a ella. Llegando a la escuela, los maestros los recibían con los brazos abiertos a todos. Tenían poco tiempo para acomodarse con ellos mismos antes de presentar las sorpresas que iban a ofrecer a los padres que venían detras de ellos.
La fiesta en la escuela duró toda la mañana. Todo fue un éxito para los niños; el propósito que tenían era captar la atención de los padres todo el momento y lo consiquieron. Despues, todos los niños salieron corriendo y sonriendo afuera de la escuela y, de pronto comenzaron una querra de bolas de nieve entre ellos que no duró mucho. Viendo a los padres que los seguían, unieron fuerzas entre ellos y empezaron a tirar bolas de nieve hacía ellos. Antes de que los padres los pillasen, se pusieron a correr hacía sus casas, pero no antes de quedar en verse después de comer para patinar sobre hielo y hacer muñecos de nieve.
Después de haberse calentado y descansado un momento, los niños salieron de nuevo y se reunieron al lago de hielo a pasar un rato más juntos. Al lado, a unos cien metros de este lago, había una casa de tres plantas. Desde las ventanas se veían muchos pares de ojos que observaban hacía fuera como jugaban los demás niños. En la casa vivían niños más pequeños y más grandes. La casa acogía cualquier niño que necesitaba ayuda y era dirigida por unos benefactores.
El orfanato hacía muchos años que funccionaba. Los niños que miraban desde fuera comenzaron a hacer señales a los niños que estaban adentro para que también ellos salieran a jugar. El grupo infantil se multiplicó y todos jugaban entre ellos, viviendo momentos en sus propias infancias llenas de felicidad.

La inocencia del niño en la niñez es pureza igual que la blanca nieve que se veía en todas partes. Estar en la superficie y dominar sobre sí, las «problemas» no serán tan «problemas». Lo que acentúa la gravedad del «problema» es la preocupación que al final llega a crear más problemas y esto no pasaría si la extinción de la pureza esta en su máximo potencial, guardada y conservada dentro de la conciencia.
Copos de nieve comenzaron a caer, aumentando más alegría a los niños. Todos juntos enseñan que la importancia de la unidad conduce al bienestar de ellos. La solidaridad como uno de los factores principales en construir esta unidad enseña que la nobleza de amar a sus semejantes tal y como son, forma un vínculo que les hacen conectar entre si, igual que los copos de nieve : por mucho que se los vean caer por separado, nada más llegar a sus destinos, cubren el suelo en una sola unidad formada por ellos mismos.





