“La tormenta está a punto de comenzar”, pensó Alexia. Fue entonces, cuando la niña de diez años se dió cuenta que se encontraba demasiado lejos del grupo de niños al que pertenecía en aquella excursion. Riendo y corriendo detrás de coloreadas mariposas, se había desviado por otro camino que no debía y entró en el bosque encantado, donde solamente los de corazón puro podían pasar. Pero no le importaba haberse perdido. Era feliz por su aventura, poder disfrutarla sin reglas, sin normas, y sin tener en cuenta el tiempo. Simplemente sentirse libre.
Siguiendo el curso del rio, se sumergia cada vez mas en la profundidad del bosque, sintiendo el aroma fresco que este regalaba. Entre la multitud de árboles que lo formaba, entre las duras rocas que descansaban sobre la madre tierra y dentro de la hierba verde, se escondian criaturas de todas las medidas, que observavan a la pequeña dando saltos de felicidad al margen del rio. El bosque entero, expresaba los elementos de la naturaleza. Pero algo le atraía la atencion a Alexia, justamente delante de ella, y se puso a correr hasta que llegó frente a dos árboles gigantescos. Pasando por en medio de ellos, su rostro reflejó asombro cuando vió una enorme puerta de preciosas rosas blancas. Lamentablemente, al acercarse hacia la puerta, le puso triste ver que la puerta tenía un pequeño candado dorado que la mantenia cerrada. Intentó averiguar si el jardin secreto que acababa de descubrir tenía otra entrada, pero sin éxito. Las primeras gotas de lluvia se hicieron sentir. Al dejarse caer al suelo, vió que uno de los árboles gigantes tenía un escondite y se metíó dentro. Se sentía protegida y, atrapada por el sueño, se durmió profundamente.
Los susurros de dos ardillas juquetonas la despertaron. Sorprendida, no entendía como había llegado a ese campo de flores multicolores. Desconcertrada, sentía el olor de la Tierra húmeda y observaba fascinada como las ardillas jugaban a su lado sin asustarse de su presencia; entendía que era hermoso poder sentir la multitud de emociones y sensaciones que atravesaban su cuerpo; era precioso poder sentir con sus proprios manos las cosas que tocaba, y percibir lo que estas le transmitían. Daba las gracias por este fascinante regalo de poder experimentar la existéncia misma, aquí en este lugar, que es su casa, la Tierra. Tambien realizaba que la energía en la Tierra era densa, pero sentía como la madre tierra la nutría de forma sutil.
El canto de las palomas que volaban en el aire, formando un círculo por encima de su pequeña cabecita, le ha echo levantar los ojos hacía ellas; se ha quedado encantada de ver la facilidad que tenían para volar y se da cuenta que no és tan difícil como parecía; se da cuenta que la mente és limitada hasta el punto que ella misma limita y que, transmutando la energía densa en sutil, la mente podía hacer prodigios. Sin embargo, no tenía que olvidar una cosa muy importante: por muchos prodigios que pudiera hacer la mente, lo más importante era tener buen corazon.
El ruido del rio que se encuentra a su derecha le ha echo girar la cabecita en esta dirección y observar la fluidez de su agua, representando el amor, la purificación del alma y el poder del sentimiento, representando el subconciente, una parte de nuestra mente que escapa a nuestro conocimiento; en el subconciente habita el dragón y la magia proviene de los dragones fluyendo a través del jinete; cuando los dos actuan como uno solo, ven como uno solo. Dejarse llevar por los sentimientos significa controlar el agua. Esta misma nos enseña la aceptación, y que todos nacemos por una razón, solo tenemos que encontrarla.
Una pequeña llama de fuego ardía al otro lado del rio; el calor había encendido unas hojas caidas. Con la mirada perdida profundamente en la llama, veía al elemento más fuerte de la naturaleza, esta potencia máxima de la electricidad, que da el poder de curación o destrucción. El fuego ígneo és la energia vital en movimiento, hace conocer la existencia más allá de los cinco sentidos. Pero necesita ser transmutado y expandido.
Poniéndose en pie, pudo ver como una multitud de animales grandes y pequeños se acercaban. No sentía miedo por mucho que la miraran fijamente. Rodeándola, comenzaron a jugar con ella. Tampoco podian faltar los gnomos, los duendes y las hadas. Todos juntos eran acogidos por montañas transparentes como el cristal, que se volvían azules e inefables, formando el mundo del Éter, la causa de todo lo existente. Y entonces, Alexia entendió, tuvo entendimiento: la inteligencia que poseían las almas era indescriptible y al recordarlo desde la Tierra, con el olvido absoluto de su propio ser eterno e infinito al nacer, le fascinaba. Frente a la Naturaleza, esta le enseñaba que està en completa Armonia con ella misma, entendía que Todo es nada, y que nada es Todo, que el Absoluto representa tanto su origen, como su destino, y que los ojos, que no se ven, lo ven todo; que el Absoluto és el que és, lo que siempre ha sido, y lo que siempre serà.
Y de repente, abriendo los ojos y viendo que la tormenta se había acabado, lo único que se podía preguntar en aquel mismo instante era.. ¿y si el mundo en el cual vivía fuera un sueño?.. ¿y si la realidad fuera totalmente diferente?
Saliendo con rapidez del escondite, su mayor sorpresa fue ver que la puerta de rosas blancas estaba abierta.
Diana Dascal, Licenciada en Filosofia






