
¿Realmente vivimos en el tiempo? o.. ¿es el tiempo quien vive dentro de nosotros?
En el medio de una larga y densa niebla que aparenta no tener salida, ni ningún signo que marque una apropiada puerta de salida, se proporciona desde ninguna parte el auxilio adecuado, justamente en ese momento precisó.
Transportarse desde un punto dado en una circunstancia densa hasta el mismo punto diferentemente encontrado en una posición sutil y pura, permite verse dentro de si, y también que nada llega por casualidad, ni las personas, ni los sucesos; deja ver que todo pasa por ciertas razones y que el tiempo vuela contigo hasta llegar a la conciencia de ello. El rol de las rotaciones es elemental a veces en estos mismos sucesos, tratando de impedir el alargamiento del plazo que se tiene en producir los cambios que se acercan, y aún así tener libre albedrío para tomar la decisión correcta. Hasta que la conciencia de ello no está plena en su totalidad, el trance seguirá dirigido por la misma fuerza dominante e imponente. El tiempo entre los sucesos es exacto. Las cosas que pasan dentro de estos sucesos son acertadas y las personas implicadas son las adecuadas. El proceso se elabora a su correspondiente ritmo, para completar el espacio de manifestación.
Nada más llegar a su luminosa destinación, el curso de los sucesos orientados hacía numerosas etapas reunidas y junto con diferentes posturas conformes, se esfuma por completo dejando al vacío todo lo que parecía ser, y permitiendo que la conciencia saboree lo que estaba descubriendo.





