Respetable Señor Llarena

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No solo le respeto a Usted como persona sinó también como Juez. Esta no es una carta coercitiva, en absoluto. Le escribo desde el convencimiento de que la solución al «problema» catalán pasa por un entendimiento de las partes. Hago grandes esfuerzos por meterme en la piel de los que no piensan como yo porqué, mire Usted, les respeto, les entiendo, relativizo mucho mi «yo» en aras de la Conciencia, que nos supera a todos. Y, puestos a relativizar, también la realidad me parece un concepto más que discutible. Como ya Platón intuyó, nuestros sentidos son engañosos. Y si no fíjese, las percepciones de la suya y de la mía son bastante diferentes. No solo vivimos en paises diferentes, también nuestros modos de vida són diametralmente opuestos. Nada o muy poco tiene que ver su imagen del mundo con la mía. Quién tiene la realidad? La ley, el dinero, las armas forjan la realidad me dirá Usted, lo demás son quijotadas. Con todo el respeto, disiento. Los suyos le hicieron registrar a mis padres a su retoño como Jorge, pero yo, señor, siempre he sido Jordi. Ese otro me suena a chino. El sistema monetario actual és más irreal que real, bien lo sabe Usted. Vivimos con el dinero del próximo siglo. La ley, por suerte, no és inamovible. Seguro que ha tenido Usted que interpretar a menudo los textos, y con la autoridad intangible de sus pensamientos, dictar sentencias que, en muchos casos, seguramente yo también refrendaría. La realidad la fabricamos cada dia, como ya barruntaban los monjes escolásticos con el concepto de creación continua, como acepta con toda naturalidad el budismo.

Y porqué ese alarde de misticismo se preguntarán, Usted o qualquier lector? Me parece palmario, quizá porque soy historiador. Veo a la Humanidad sumida en una espiral de errores repetidos de hace milenios. Los límites del planeta nos ponen hoy contra las cuerdas. La evolución, poco a poco, nos muestra un camino nuevo donde cabemos todos; ahora bien, la especie debe olvidar primitivas pautas de comportamiento, y la Conciencia viene a socorrernos. Ella os guarde.

 

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