Se está oscureciendo. Atravesar el bosque esta noche sería una verdadera locura, pero sin duda la mejor opción. Nadie obstacularía escaparse de aquel horrible lugar. Pero.. por mucho que tienen en su posesión la Llave que les abriría todas las puertas, han estado reflexionando y han decidido que correr de aquella manera sería demasiado fácil y no antes de haberles dado una buena lección. Estar en líos era una especialidad para ellos, encontrando así la vida con más diversión. La casa se hallaba en una cima de una montaña no muy alta donde habitan traficantes de niños. En unas cuantas habitaciones encerraban cuatro o cinco niños en cada una. Pero los niños tenían un plan bien organizado para salir de esas habitaciones y meter en su lugar a los mismos traficantes, tratándolos tal como ellos les querían tratar: sin salir de la habitación y quien no obedeciera los ordenes que ellos darían, se quedaría sin comer todo el día. El propósito era hacerles sentir exactamente lo mismo. La lección que los niños querían darles era evidente.
Después de analizar una vez más el plan que tenían preparado y asegurarse de que todo era conforme, los niños empesaron la aplicación de trucos que una vez un buen maestro les había enseñado como atrapar a todos y cada uno de los traficantes. Uno detrás de otro, acabaron en el lugar de los niños. Éstos saltaron de felicidad porque habían conseguido lo que tenían previsto. Tenían el mando y estaban impacientes en comenzar el juego.
Todo lo que uno da en pensamiento, palabra o acto se le devolverá de la misma manera a través de un espejo; guvernando su propía vida por intermedio de lo que da, es el si mismo quien construye o destruye. Ser constructivo o destructivo depende de uno mismo: dominar las emociones negativas o dejarse dominar por estas. El aprendizaje hace parte de la evolución del ser, que es una pequeña parte de un entero conjunto de todo tipo de virtudes que, reunidas, forman la Llave que abre todas las puertas.. el Amor.
Game Over
Y consequiendo superar todos los niveles y ganar, Raúl y Daniel saltaron de felicidad, igual que los niños del videojuego.






